Sábado, 18 de abril
Deportes local

ÉXTASIS ALBIRROJO

A través de una infartante definición por penales, el Deportivo venció a San Lorenzo en la serie del Reducido que terminó igualada 2 a 2.

Será una tarde que quedará por mucho tiempo. Lo del sábado queda en el pasado, pero seguirá sobrevolando el presente. Esas almas aún más relajadas, se volverán a tensar cada vez que repitan esas imágenes. Esa sangre en ebullición bajará, pero en cada recuerdo, ese caudal rojiblanco volverá a atropellar. Pasó mucho y a la vez aún no ha pasado nada. El camino aún es inmenso, pero lo que pasó no fue nada minúsculo. Fue el final más intenso y raro de mucho tiempo. Atrás de ese desahogo viseral, se escondían un sinfín de emociones.

El Deportivo pagó altísimo el andar cansino del primer tiempo y los fallos defensivos. San Lorenzo con poco fútbol, pero con mucho ímpetu, lo pordelanteó al Depo y lo terminó poniendo contra las cuerdas del infarto.

El juego del sábado se terminó transformando en lección e instrucción para lo que viene. El axioma para estos casos marca que, nada está fuera de peligro hasta el ultimo instante mismo, y que, la concentración y la intensidad, no pueden entrar en flacidez casi nunca.

El Deportivo fue las dos caras de la moneda en el mismo partido. La primera,  la de la relajación y atenuación, y la segunda, la de la intensidad y la del orgullo.

En la primera etapa le costó encontrarse cómodo con el partido y consigo mismo. La separación de líneas y la falta de precisión desconcertaron la esencia rojiblanca, además de la prepotencia que le fue impregnando el rival. Sin ser arrollador, los blaugranas fueron más en el resultado y también en el desarrollo.

En la complementaria, los pochanos salieron de la somnolencia del primer tiempo y sacaron a relucir su arrogancia y comenzó a imponer su estilo dentro del juego. La lectura a tiempo del DT Rodríguez y las variantes tempranas, enderezaron el barco y el rumbo del Depo.

No faltaba nada. Pero en el fútbol la nada es sinónimo de casi todo. El último centro de San Lorenzo fue una yaga para la zaga visitante. Díaz erró el puñetazo y un torbellino de piernas azulgranas terminaron enviando el balón a dentro y decretando 10 minutos de suspenso y pesadumbre que se transformaron en una eternidad.

Pero la magia del fútbol hace que cualquier dolor se transforme en placer. La eficacia de los ejecutantes y la redimisión de Sandro Díaz en el último disparo, hicieron una metamorfosis de la tarde sabatina que terminó entintada de rojo y blanco y llena de embebecimiento, le liberó el paso al Deportivo para que siga alimentando sueños de una posible vuelta a Primera.

El final terminó siendo el esperado, lo que no estaba en el libreto, era tan terrible trama.

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