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De las 35 escuelas primarias rurales que este ciclo lectivo 2026 funcionan con un único estudiante en la provincia de Córdoba, un grupo significativo se concentra en tres departamentos vecinos del noroeste provincial: Pocho, Minas y San Alberto. Los tres integran, junto con San Javier, el Valle de Traslasierra, una región serrana que desde hace más de cincuenta años combina aislamiento geográfico, éxodo poblacional y una caída sostenida de la actividad agropecuaria familiar.

En Pocho, por ejemplo, la escuela Pío Zárate, del paraje Buena Vista, pasó de tener cinco o seis alumnos hace una década a contar hoy con una sola estudiante, Andrea, de 10 años, que recorre 15 kilómetros diarios para llegar al aula junto a su docente. En la misma línea, en La Patria funciona la escuela Luis Felipe del Rosario Peñeñory, y en San Tiburcio, la Fray Mamerto Esquiú: dos instituciones más del departamento que hoy sostienen su matrícula con un único niño o niña. En Minas, el caso testigo es la escuela Domingo Faustino Sarmiento, en la localidad de El Barrial, mientras que en San Alberto la comuna de San Lorenzo también integra la lista de parajes con escuelas de matrícula mínima.

Un despoblamiento que viene de lejos

La disminución de la matrícula en estos departamentos no puede leerse de forma aislada: responde a un proceso demográfico y productivo de larga data. Estudios sobre la llamada "Pampa de Pocho" señalan que, al comparar los censos agropecuarios de 1988 y 2002, tanto Pocho como San Alberto registraron una fuerte caída en la superficie explotada por productores familiares —de más del 30% en el caso de Pocho—, producto de la concentración de tierras en manos de grandes propietarios ligados al agronegocio. Ese retroceso de la agricultura familiar expulsó a numerosas familias campesinas de sus parajes de origen, muchas de las cuales migraron hacia las localidades cabecera o directamente hacia otras provincias.

Investigaciones históricas sobre salud y ruralidad en Córdoba coinciden en el diagnóstico: el departamento Pocho perdió cerca de un cuarto de su población en el transcurso de cincuenta años, no cuenta con población urbana propiamente dicha, y sus habitantes rurales viven distribuidos de manera dispersa entre parajes de montaña. En Minas y en San Alberto el patrón es similar, aunque en menor escala, y se combina con las dificultades históricas de acceso a caminos, salud y servicios básicos que caracterizan al llamado "arco del noroeste cordobés".

A ese éxodo campesino se sumó, en los últimos años, un fenómeno inverso pero igualmente disruptivo para las comunidades rurales: la presión inmobiliaria y turística sobre el Valle de Traslasierra, que en localidades como San Lorenzo o Nono desplazó a familias nativas hacia terrenos cada vez más alejados y encareció el acceso a la tierra, mientras la población dispersa en parajes de montaña continúa reduciéndose.

La escuela, el último servicio en pie

En este contexto, las escuelas rurales de Pocho, Minas y San Alberto suelen ser la última institución pública que permanece activa en los parajes más despoblados, incluso cuando la matrícula se reduce a un solo estudiante. Docentes de la zona describen un patrón que se repite: escuelas que llegaron a tener cinco, seis o más alumnos y que, con el correr de los años y a medida que las familias emigran, van perdiendo matrícula hasta quedar con un único chico o chica a cargo de una maestra que además cumple tareas de dirección.

El Ministerio de Educación de la provincia sostiene que, pese al contexto económico, la política es mantener abiertos estos establecimientos antes que derivar a los chicos hacia escuelas más alejadas, dado que el traslado diario por caminos de montaña resulta en muchos casos inviable. Como parte de esa estrategia, desde 2024 las 821 escuelas rurales y de montaña de la provincia —incluidas las de estos tres departamentos— cuentan con conectividad satelital, pensada para reducir el aislamiento pedagógico aunque no revierte, por sí sola, la caída estructural de la población rural.

Un problema que excede a Córdoba

La situación de Pocho, Minas y San Alberto no es un caso aislado en el país. Especialistas en educación rural de otras provincias explican que la caída de matrícula responde a una combinación de baja natalidad —que en algunas regiones cayó más de 40% en la última década— y a la reconfiguración productiva del campo, con explotaciones cada vez más grandes y menos mano de obra familiar radicada en el territorio. En provincias como Entre Ríos o Santa Fe, ese proceso ya derivó en decenas de cierres transitorios de escuelas rurales en los últimos años, lo que reabrió el debate sobre qué hacer cuando la matrícula de un paraje llega a cero.

En Córdoba, por ahora, la decisión oficial va en sentido contrario: sostener las escuelas mientras haya al menos un alumno matriculado. Pero el fenómeno de fondo —el vaciamiento demográfico de los parajes rurales del noroeste cordobés— sigue sin revertirse, y son las propias escuelas, cada vez con menos chicos en sus aulas, las que reflejan con mayor claridad la magnitud de ese proceso.

Autor: admin